sábado, 21 de agosto de 2010

FRACASO DE LA INSTITUCIÓN O DEL HOMBRE

Llenar el espíritu es una necesidad y un placer que impone altísimas dosis de fantasías y de sueños; abonos de escasez agobiante en una sociedad atrapada entre una hostilidad de mil caras y la lucha casi estéril por la búsqueda de la producción de bienes manufacturados o conocimientos, que generen riqueza distribuible. Una persona hambrienta, enferma y sin trabajo exhala un antídoto que lo vacuna contra lo sublime del arte y de las ciencias, mientras lo surte de resentimiento y desesperación, haciéndolo insensible a las razones de la comunidad y configurando en él, el perfil del anarquista. Con una creciente población de estos sujetos, asistimos al preámbulo de una apocalipsis que puede consumir nuestra sociedad, perplejos ante el despilfarro de todo tipo de leyes y códigos, plenos de fracaso congénito en la marasmática organización de nuestro endeble  cuerpo nacional. Parece inevitable el avance de la “horrible noche”.
¿Cuál es el punto desde donde parten las fuerzas hostiles a nuestra sociedad?
¿Será desde la ineficiencia en la organización? ¿Será que nuestro hombre por su misma naturaleza tiene cotas diferenciales en su capacidad comunitaria? o ¿ tal vez son necesarios sufrimientos generales más intensos, que nos hagan percibir el gozo y la seguridad de una asociación honesta? Creo que como múltiples son los interrogantes múltiples serán las respuestas, pero con una verdad axiomática como premisa; todo parte del hombre mismo.
Nuestro legislador, después de casi 200 años de vida institucional no se cansa de creer que la ley puede cambiar la naturaleza humana. Evidentemente no es así. El hombre mantiene las mismas cargas básicas desde el Cromagnon hasta nuestros días, y sólo mediante la represión sistemática durante milenios ha logrado apocar sus más sombrías inclinaciones.
La creación de códigos que no consultan esa naturaleza fatalmente egoísta y territorial perturba la permanencia exitosa de la mixtura entre la indómita compulsión individualista con el imperativo social.
Inducir al individuo en la vía de lo social, implica hacerle conocer que sin los otros esta perdido, que sólo a través de los demás adquiere sentido su existencia y por tanto, junto a ellos (no contra ellos) tiene que dibujar su vida. Esto se logra mediante una terapia combinada de seducción, instrucción y represión, que con diversos grados de profundidad se va aplicando a las diferentes comunidades atendiendo a sus logros en la civilidad.
El desorden y la mala aplicación de las estrategias anteriores han generado una sensación nacional e internacional de un Estado casi fallido. Dentro del territorio se percibe por muchos ciudadanos, entre los cuales me cuento, que el estado es un enemigo, que crea y aplica la ley, más con intención de favorecer a grupos de poder que con criterio general o distributivo; que en muchos casos abusa en su posición dominante en las relaciones con los individuos, que perpetúa, mediante intrigas, asociaciones perversas y toda suerte de esguinces legales, a un alto porcentaje de ignorantes y tránsfugas en sus más altas instituciones, que hacen el trabajo sucio de los otros, no menos sucios, pero si menos visibles, para que sólo después de gratificar sus intereses, las sobras se destinen a la utilidad social. La prueba más fehaciente de que fuera de nuestro país somos mirados como un fracaso, son los incontables y en ocasiones inconfesables atropellos, de los que son víctimas nuestros compatriotas en aeropuertos, embajadas y aún en las calles de muchos países del primer mundo. Lo que piensan de los colombianos no es gratuito, es la reacción normal ante la barbarie a que nos ha sometido este estamento endeble, permisivo para unos, agresor contra otros, injusto en sus más altas determinaciones políticas, frágil ciego y sobrestimado cuando de autoevaluarse se trata.
En estos días, cuando la calidad y sus hijas, la eficiencia y la eficacia han copado el protagonismo en todo tipo de instituciones para afrontar la avalancha de acreditaciones internacionales que permitan mantener la vigencia en la aldea global, es obligatorio que nos preguntemos ¿es el estado colombiano eficiente y eficaz? ¿Podemos decir que puede ser certificado en alta calidad? No, y el peso de la culpa debe caer sobre los incapaces que lo han dirigido como corresponde a las normas elementales de la gerencia. Esto no excusa pero si explica que un pueblo hambriento, inculto y aturdido por el desmedido esfuerzo que requiere para la supervivencia diaria que consume todas sus energías, vuelva con su voto sobre la misma clase que lo ha enseñado a elegir como método para subsistir y sin derecho siquiera a ilusionarse con otras expectativas que le aupen el deseo de conseguir para sí el gusto por aquellas cosas que constituyen la dignidad del ser humano.

3 comentarios:

  1. Mientras haga falta una educación responsable y universal, resultarán elegidos los ignorantes.

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  3. La abundancia de palabras y la ignorancia predominan en la mayor parte de los hombres; si quieres sobresalir de la mayoría inútil, cultiva tu conocimiento y envuélvete en nubes de silencio

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